Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Ellas Hablan

Durante las vacaciones vi las películas “Anatomía de un escándalo” y “La mujer más afortunada del mundo” y, mientras las veía, no podía dejar de pensar cuántas otras películas había visto anteriormente de fraternidades en Estados Unidos que se centraban en la popularidad de estos hombres y en lo envidiados que se volvían para otros hombres. Respecto a los papeles femeninos en esas películas, solo mostraban lo afortunadas y populares que se sentían si eran deseadas por ellos. Tuvieron que pasar años y mujeres tuvieron que escribir libros (que luego se convirtieron en películas) para que apareciera otra realidad, la realidad de las mujeres agredidas sexualmente en colegios y universidades, una realidad de la que no se habla.

En Estados Unidos 1 de cada 5 mujeres han sufrido agresiones sexuales en las universidades.

Una de las escritoras que sufrió la agresión que narra (y que reconoció tiempo después de que el libro saliera a la venta), agrega a la historia un atentado con armas en el colegio, señalando que lo hizo para que así la historia fuera de interés de todos. La agresión sexual no era suficiente. Lo mismo señala la investigación de las violaciones en EEUU, la mitad de ellas no habían denunciado porque “no lo consideraban lo suficientemente serio”.

El recorrido que hacen estas mujeres en las películas más que una búsqueda de justicia legal tiene que ver con reconocer para sí mismas que esta realidad ocurrió, que fueron víctimas de un acto de violencia, injusto, gratuito, que no fue culpa de ellas, que no mandaron señales equívocas y que sí es un asunto serio. Pienso, mientras escribo, que tal vez para la autora que sufrió la agresión sexual, escribir el libro y que la mujer protagonista se creyera víctima, posiblemente fue parte del proceso de sanación y posterior reconocimiento de la autora de la agresión sufrida.

Hay que reconocer que las películas son realistas, no hay cárcel para los violadores, como tampoco en Chile hay cárcel para Nicolás López. Tendremos que esperar algunos años para que los dolores y agresiones hacia las mujeres sean reconocidos por jueces y abogados.

¿A cuánto soledad, tristeza, abuso, ultraje y muerte hemos estado expuesta porque nuestra historia no ha sido escrita por nosotras?

Frente a las alarmas de un infarto al corazón, por años fueron detectados sólo con la sintomatología masculina, sin saber que los síntomas de las mujeres eran otros. Hasta el día de hoy, frente a una misma dolencia a la mujer se le evalúa por un cuadro de histeria mientras a un hombre para descartar un infarto. A esa invisibilidad médica de las mujeres en estudios de enfermedades cardiovasculares se le llama el Síndrome de Yentl (cuadro que debe su nombre a una historia que hace alusión a una mujer que para acceder a estudios se debe disfrazar de hombre). Los cinturones de seguridad en los autos se hicieron con peso y talla de hombre, por lo que frente a accidentes tenemos mayor probabilidad de salir lesionadas. Los exámenes frente a infertilidad en la pareja, siempre se empiezan en el cuerpo femenino aunque las investigaciones hablan de una distribución homogénea (1/3 hombre, 1/3 mujer, 1/3 combinación de la pareja). Para qué hablar de la importancia de tener un embarazo y parto respetados y sin violencia, que ha sido tratado por nuestro equipo en otras ocasiones (artículos aquí y aquí) .

“Ellas Hablan”, es el nombre de una película maravillosa que también habla de agresiones sexuales a mujeres, las que en gran parte terminan cuando ellas hacen una especie de cónclave para ver qué decisión toman como mujeres de esa comunidad que las ha agredido y que durante años las había convencido de que los moretones o embarazos eran acciones del diablo o que eran producto de su imaginación para llamar la atención. Es bello lo que sucede ahí, cómo en esa conversación van encontrándose en un dolor común, como una experiencia que había sido solitaria al ser conversada y sostenida por todas se va convirtiendo en una realidad que se hace imposible de seguir tolerando, por ellas en el presente y por sus pequeñas hijas en el futuro. Es en esa conversación conjunta que van desenredando hilos que las tenían atrapadas, amarradas y se va abriendo un espacio de esperanza para ellas. Esa conversación se da en medio de espacios de llanto, risas, consuelo mutuo y conductas de cuidado hacia sus hijas e hijos. No es un espacio puro y racional porque de serlo así no sería femenino.

Parece ser que la única manera de volver nuestra realidad visible, es a través de nuestro relato, no hay otra manera. Durante años mujeres intentaron alcanzar los estándares masculinos, por ejemplo en la escritura, dejando las emociones afuera para ser validadas por los otros escritores/jueces. Curiosamente, para ser validada por estos jueces, dejábamos a las mismas mujeres fuera. Poco a poco eso va quedando atrás. Tenemos que hablar para todos, incluidas nosotras mismas. Qué aliviador para cada una de nosotras saber que mi sentir no es individual, que no soy yo la que “falla”, sino que es una experiencia transversal al “ser mujer” en esta cultura y a las distintas etapas de nuestro ciclo vital, preguntas que al hacerse en voz alta, se empiezan a pensar por todas y nos invitan a vivir esas experiencias desde un lugar más ambivalente pero sin duda más sano: menarquia, querer/no querer ser madre, infertilidad, duelo perinatal, maternidad, trabajo, menopausia, deseo sexual femenino, etc. Es necesario hablarlo, cada una desde su espacio, puede ser conversándolo, escribiendo cuentos/libros/artículos, cantando, pintando, bailando, investigando, movilizándonos… el cómo será dentro de las posibilidades de cada una pero pensando en las otras y en generar un espacio, para nosotras y para las que vendrán. Porque sin nuestra narración, no existe nuestra realidad.

Ps. Marzia Jabbaz Zuffi
Psicóloga Infantil y Perinatal
Centro SerMujer

Sigue leyendo

× Conversemos